Había una vez en cierto lugar un Brahman que se llamaba Svabhavak_ri_pa_n_a, que significa "nacido ávaro". El había recolectado cantidad de arroz pidiendo limosnas, y después de haber cenado con la comida recolectada, rellenaba un puchero con todo aquello que le sobraba.
Colgó el puchero en un gancho de la pared, colocando su sofá debajo, desde el cual se pasaba toda la noche mirándolo, y pensaba "¡Ah!, este puchero está lleno a rebosar. Ahora, si hubiera una hambruna, conseguiría cientos de rupias con este arroz. Con ellos compraría un par de cabras. Las cabras tendrían un cabrito cada seis meses, y conseguiría así un gran rebaño de cabras. Entonces, con el rebaño, compraré vacas. Y tan pronto como ellas paren, venderé los terneros. Y con lo que gane con los terneros compraré búfalos; con los búfalos, yeguas. Con las yeguas tendré potrillos, y tendré cantidad de caballos; y cuando venda los caballos, conseguiré cantidad de oro. Con ese oro compraré una casa. Entonces otro Brahman vendrá a mi casa, y me dará su preciosa hija con una gran dote. Ella tendrá un hijo, y le llamaré Somasarman. Cuando él sea suficientemente mayor como para bailar sobre mis rodillas, me sentaré con un libro en la parte trasera del establo, y mientras lea el libro, le niño al ver que yo estoy allí, saltará del regazo de su madre, y correrá hacia mi para bailar sobre mis rodillas.
El se acercará muy cerca de las patas de los caballos, y totalmente enfadado, llamaré a mi mujer y le diré, "¡Coge al niño, agárralo!" Pero ella, distraída con sus labores domésticas, no me escuchará.
Entonces yo me levantaré, y le daré una enorme patada por distraerse". Mientras estaba pensando esto, dio una patada con furia y rompió el puchero. Todo el arroz se derramó por el suelo, y el Brahman se quedó blanco y paralizado al ver lo que había hecho. Por eso, yo digo: "Aquel que hace planes absurdos para el futuro, en muchos momentos se quedará en blanco y paralizado al darse cuenta de la absurdidad de muchos de ellos. Igual que el padre de Somasarman"
LEYENDAS Y CUENTOS DE LA INDIA
sábado, 6 de agosto de 2011
UNA LECCION PARA UN REY
Erase una vez, cuando Brahmadatta reinaba en Benarés, el Buda se reencarnó como su hijo y heredero del trono. Cuando llegó el día de decidir su nombre, le llamaron príncipe Brama-datta. Y creció poco a poco como todos los niños; y cuando tenía dieciséis años, fue a Takkasila, y llegó a ser un experto en todas las artes. Después de que su padre muriera, él ascendió al trono, e introdujo nuevas normas llenas de rectitud y de eficiencia. Realizó juicios justos, donde no había odio, ni ignorancia, ni miedo. Desde que él reinaba con justicia, los ministros también administraban la ley con justicia.
Los juicios se decidían con justicia y no había testimonios falsos. Así pues los litigios y los tumultos de la población cesaron en los juzgados del reino. Aunque los jueces estaban sentados y esperando todo el día en el juzgado, terminaban el día sin haber recibido a nadie solicitando justicia. Y al final, se acabó por tener que ¡cerrar el salón del juzgado!
El futuro Buda pensó, "No puede ser que habiendo tanta rectitud y tantas normas en mi reino no haya juicios ni sentencias; el jaleo y el bullicio ha cesado, y el salón del juzgado está a punto de cerrar. Debo, por tanto, hacer un análisis de mis propios defectos; y si encuentro que algo está equivocado en mí, dejaré todo y practicaré sólo las enseñanzas de la virtud."
Desde entonces, el buscó y solicitó que le dijeran sus fallos, pero alrededor de él no encontró a nadie que le diera una respuesta, sólo encontraba alabanzas.
Después pensó, "Es por miedo que estos hombres dicen sólo cosas buenas de mí, no cosas malas," y buscó a personas que vivían fuera del palacio. Y no encontrando ahí nadie que le diera ninguna respuesta, buscó a personas que vivieran fuera de la ciudad, en los suburbios. Tampoco encontró a nadie en los suburbios, sólo escuchaba alabanzas, así que decidió buscar fuera de la ciudad, en el campo.
Así pues dejó a los ministros al mando de su reino, y organizó su carro llevando sólo consigo al conductor, y saliendo de la ciudad disfrazado. Penetrando en el campo, más allá de los límites de la vista, no encontró ninguna persona crítica que le dijera ningún fallo, y sólo escuchaba virtudes del rey; entonces se dio la vuelta desde las más lejanas fronteras y regresó por la carretera principal hasta la ciudad.
Durante ese mismo tiempo el rey de Kosala, que se llamaba Mallika, también había puesto normas llenas de rectitud y eficacia en su reino; y buscando algún fallo propio, no encontró a nadie en el palacio que le dijera alguno y sólo escuchaba virtudes. Por lo tanto buscando por lugares del campo a alguien que pudiera decirle algún fallo, se encontró en la misma carretera principal que el rey Brahmadatta, y justamente en el mismo punto. Los dos carros se iban a juntar, uno enfrente del otro, y cuando se acercaron se dieron cuenta que no cabían los dos juntos en la carretera.
Entonces el conductor del rey Mallita le dijo al conductor del rey de Benarés, "¡Saca tu carro fuera del camino!"
Pero el otro conductor le respondió, "No, saca el tuyo del camino, en este carro va el rey de Benarés, el gran rey Brahma-datta."
Y el otro le respondió, "En este carro, va el señor del reino de Kosala, el gran rey Mallita. ¡Saca el carro fuera ahora mismo, y haz sitio para nuestro rey!"
Entonces el conductor del rey de Benarés pensó, "Ellos dicen entonces que ellos llevan también un rey, ¿Qué debería hacer?" Después de pensar un rato se dijo a si mismo, "se la manera, preguntaré cuantos años tiene, y sabiendo eso, el más joven será el que se apartará."
Y cuando llegó a esta conclusión, le preguntó al conductor cuantos años tenía el rey de Kosala. Pero descubrieron que los dos reyes tenían los mismos años. Entonces debatieron sobre la extensión de sus reinos, sobre su ejército, sobre su riqueza, su fama, su castillo y familia. Y descubrieron que los dos señores tenían reinos de la misma extensión, así como su ejército, su riqueza, su fama, incluso su castillo y su familia eran similares.
Entonces pensaron, "Lo haremos de la manera más justa." Y se preguntaron, "¿Cuál de los dos reyes tiene mayor rectitud?"
Entonces se buscó a ciertas personas del reino de Kosala, y proclamaron las virtudes, la bondad de su rey pronunciando estos versos:
Al fuerte él lo derrota con fuerza, El bien conquista con bondad, Y con bondad derrota al bondadoso Así como al malvado con maldad
.¡Así es la naturaleza de este rey! ¡Muévete del camino, conductor!
Pero el conductor del rey de Benarés le preguntó, "Bueno, ¿Nos habéis contado todas las virtudes de vuestro rey?
"Si" respondieron los otros.
"Si esas son sus virtudes, ¿Dónde están entonces sus fallos? Ya que más parecen fallos que virtudes" Les replicó.
Los otros dijeron, "Bueno, podrían ser errores si así lo queréis! Pero habría que ver las virtudes de tu rey."
Entonces el conductor del rey de Benares escuchando su corazón les respondió con estos versos:
"La ira él conquista con la calma,y con bondad la maldad; la mezquindad la conquista con regalos, y a los mentirosos con verdad.
¡Así es la naturaleza de este rey! ¡Muévete del camino!, dijo el conductor
Y cuando él hubo dicho esto, tanto el rey Mallika como su conductor se apearon del carro. Y cogieron a sus caballos y movieron su carro del camino, haciendo sitio al rey de Benarés.
Los juicios se decidían con justicia y no había testimonios falsos. Así pues los litigios y los tumultos de la población cesaron en los juzgados del reino. Aunque los jueces estaban sentados y esperando todo el día en el juzgado, terminaban el día sin haber recibido a nadie solicitando justicia. Y al final, se acabó por tener que ¡cerrar el salón del juzgado!
El futuro Buda pensó, "No puede ser que habiendo tanta rectitud y tantas normas en mi reino no haya juicios ni sentencias; el jaleo y el bullicio ha cesado, y el salón del juzgado está a punto de cerrar. Debo, por tanto, hacer un análisis de mis propios defectos; y si encuentro que algo está equivocado en mí, dejaré todo y practicaré sólo las enseñanzas de la virtud."
Desde entonces, el buscó y solicitó que le dijeran sus fallos, pero alrededor de él no encontró a nadie que le diera una respuesta, sólo encontraba alabanzas.
Después pensó, "Es por miedo que estos hombres dicen sólo cosas buenas de mí, no cosas malas," y buscó a personas que vivían fuera del palacio. Y no encontrando ahí nadie que le diera ninguna respuesta, buscó a personas que vivieran fuera de la ciudad, en los suburbios. Tampoco encontró a nadie en los suburbios, sólo escuchaba alabanzas, así que decidió buscar fuera de la ciudad, en el campo.
Así pues dejó a los ministros al mando de su reino, y organizó su carro llevando sólo consigo al conductor, y saliendo de la ciudad disfrazado. Penetrando en el campo, más allá de los límites de la vista, no encontró ninguna persona crítica que le dijera ningún fallo, y sólo escuchaba virtudes del rey; entonces se dio la vuelta desde las más lejanas fronteras y regresó por la carretera principal hasta la ciudad.
Durante ese mismo tiempo el rey de Kosala, que se llamaba Mallika, también había puesto normas llenas de rectitud y eficacia en su reino; y buscando algún fallo propio, no encontró a nadie en el palacio que le dijera alguno y sólo escuchaba virtudes. Por lo tanto buscando por lugares del campo a alguien que pudiera decirle algún fallo, se encontró en la misma carretera principal que el rey Brahmadatta, y justamente en el mismo punto. Los dos carros se iban a juntar, uno enfrente del otro, y cuando se acercaron se dieron cuenta que no cabían los dos juntos en la carretera.
Entonces el conductor del rey Mallita le dijo al conductor del rey de Benarés, "¡Saca tu carro fuera del camino!"
Pero el otro conductor le respondió, "No, saca el tuyo del camino, en este carro va el rey de Benarés, el gran rey Brahma-datta."
Y el otro le respondió, "En este carro, va el señor del reino de Kosala, el gran rey Mallita. ¡Saca el carro fuera ahora mismo, y haz sitio para nuestro rey!"
Entonces el conductor del rey de Benarés pensó, "Ellos dicen entonces que ellos llevan también un rey, ¿Qué debería hacer?" Después de pensar un rato se dijo a si mismo, "se la manera, preguntaré cuantos años tiene, y sabiendo eso, el más joven será el que se apartará."
Y cuando llegó a esta conclusión, le preguntó al conductor cuantos años tenía el rey de Kosala. Pero descubrieron que los dos reyes tenían los mismos años. Entonces debatieron sobre la extensión de sus reinos, sobre su ejército, sobre su riqueza, su fama, su castillo y familia. Y descubrieron que los dos señores tenían reinos de la misma extensión, así como su ejército, su riqueza, su fama, incluso su castillo y su familia eran similares.
Entonces pensaron, "Lo haremos de la manera más justa." Y se preguntaron, "¿Cuál de los dos reyes tiene mayor rectitud?"
Entonces se buscó a ciertas personas del reino de Kosala, y proclamaron las virtudes, la bondad de su rey pronunciando estos versos:
Al fuerte él lo derrota con fuerza, El bien conquista con bondad, Y con bondad derrota al bondadoso Así como al malvado con maldad
.¡Así es la naturaleza de este rey! ¡Muévete del camino, conductor!
Pero el conductor del rey de Benarés le preguntó, "Bueno, ¿Nos habéis contado todas las virtudes de vuestro rey?
"Si" respondieron los otros.
"Si esas son sus virtudes, ¿Dónde están entonces sus fallos? Ya que más parecen fallos que virtudes" Les replicó.
Los otros dijeron, "Bueno, podrían ser errores si así lo queréis! Pero habría que ver las virtudes de tu rey."
Entonces el conductor del rey de Benares escuchando su corazón les respondió con estos versos:
"La ira él conquista con la calma,y con bondad la maldad; la mezquindad la conquista con regalos, y a los mentirosos con verdad.
¡Así es la naturaleza de este rey! ¡Muévete del camino!, dijo el conductor
Y cuando él hubo dicho esto, tanto el rey Mallika como su conductor se apearon del carro. Y cogieron a sus caballos y movieron su carro del camino, haciendo sitio al rey de Benarés.
UN ERMITAÑO EN LA CORTE
En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el monarca al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero.
Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien ásperamente le preguntó:
-¿Acaso eres un visir?
-Mi rango es superior al de visir -repuso el ermitaño.
-¿Acaso eres un primer ministro?
-Mi rango es superior al de primer ministro.
Enfurecido, el primer ministro inquirió:
-¿Acaso eres el mismo rey?
-Mi rango es superior al del rey.
-¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro.
-Mi rango es superior al de Dios.
Fuera de sí, el primer ministro vociferó:
-¡Nada es superior a Dios!
Y el ermitaño dijo con mucha calma.
-Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo.
Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien ásperamente le preguntó:
-¿Acaso eres un visir?
-Mi rango es superior al de visir -repuso el ermitaño.
-¿Acaso eres un primer ministro?
-Mi rango es superior al de primer ministro.
Enfurecido, el primer ministro inquirió:
-¿Acaso eres el mismo rey?
-Mi rango es superior al del rey.
-¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro.
-Mi rango es superior al de Dios.
Fuera de sí, el primer ministro vociferó:
-¡Nada es superior a Dios!
Y el ermitaño dijo con mucha calma.
-Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo.
LA ADVERTENCIA
El gurú y el discípulo estaban departiendo sobre cuestiones místicas. El maestro concluyó con la entrevista diciéndole:
-Todo lo que existe es Dios.
El discípulo no entendió la verdadera naturaleza de las palabras de su mentor. Salió de la casa y comenzó a caminar por una callejuela. De súbito, vio frente a él un elefante que venía en dirección contraria, ocupando toda la calle. El jovencito que conducía al animal gritó avisando:
-¡Eh, oiga, apártese, déjenos pasar!
Pero el discípulo, inmutable, se dijo: "Yo soy Dios y el elefante es Dios, así que ¿cómo puede tener miedo Dios de sí mismo?"
Razonando de este modo evitó apartarse. El elefante llegó hasta él, lo agarró con la trompa y lo lanzó al tejado de una casa, rompiéndole varios huesos.
Semanas después, repuesto de sus heridas, el discípulo acudió al mentor y se lamentó de lo sucedido. El gurú replicó:
-De acuerdo, tú eres Dios y el elefante es Dios. Pero Dios, en la forma del muchacho que conducía el elefante, te avisó para que dejaras el paso libre. ¿Por qué no hiciste caso de la advertencia de Dios?
-Todo lo que existe es Dios.
El discípulo no entendió la verdadera naturaleza de las palabras de su mentor. Salió de la casa y comenzó a caminar por una callejuela. De súbito, vio frente a él un elefante que venía en dirección contraria, ocupando toda la calle. El jovencito que conducía al animal gritó avisando:
-¡Eh, oiga, apártese, déjenos pasar!
Pero el discípulo, inmutable, se dijo: "Yo soy Dios y el elefante es Dios, así que ¿cómo puede tener miedo Dios de sí mismo?"
Razonando de este modo evitó apartarse. El elefante llegó hasta él, lo agarró con la trompa y lo lanzó al tejado de una casa, rompiéndole varios huesos.
Semanas después, repuesto de sus heridas, el discípulo acudió al mentor y se lamentó de lo sucedido. El gurú replicó:
-De acuerdo, tú eres Dios y el elefante es Dios. Pero Dios, en la forma del muchacho que conducía el elefante, te avisó para que dejaras el paso libre. ¿Por qué no hiciste caso de la advertencia de Dios?
LA NIÑA ACROBATA
Era una niña de ojos grandes como lunas, con la sonrisa suave del amanecer. Huérfana siempre desde que ella recordara, se había asociado a un acróbata con el que recorría, de aquí para allá, los pueblos hospitalarios de la India. Ambos se habían especializado en un número circense que consistía en que la niña trepaba por un largo palo que el hombre sostenía sobre sus hombros. La prueba no estaba ni mucho menos exenta de riesgos.
Por eso, el hombre le indicó a la niña:
-Amiguita, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que estoy haciendo yo. De ese modo no correremos peligro, pequeña.
Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó:
-No, Babu, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.
Por eso, el hombre le indicó a la niña:
-Amiguita, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que estoy haciendo yo. De ese modo no correremos peligro, pequeña.
Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó:
-No, Babu, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.
EL TIGRE QUE BALABA
Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño.
Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.
Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle:
-Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre?
Pero el tigre-oveja baló asustado.
Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen.
Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla.
-Pruébala -le ordenó el tigre.
Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza.
Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.
Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle:
-Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre?
Pero el tigre-oveja baló asustado.
Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen.
Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla.
-Pruébala -le ordenó el tigre.
Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza.
COMO EL SOL, LA LUNA Y EL VIENTO DEL OESTE SALIERON A CENAR
Un día el sol, la luna, y el viento del oeste salieron a cenar con sus tíos el trueno y el relámpago. Su madre (una de las estrellas más lejanas que se pueden ver en el cielo) esperó sola a que sus hijos volvieran.
Tanto el sol como el viento eran avariciosos y egoístas. Ellos disfrutaban de la fiesta a la que habían ido, y no pensaban en ningún momento en guardar algo para su madre, que les estaba esperando - pero la amable luna no se olvidó de ella. De cada plato de comida exquisita que aparecía, ella guardaba una pequeña porción debajo de sus hermosas uñas.
Cuando regresaron, su madre estaba todavía despierta esperándoles, y le dijo, "Bueno hijos, ¿Qué me habéis traído de la fiesta?" El so (que era el mayor) dijo, "Yo no te he traído nada. Yo salí para divertirme con mis amigos, ¡no para recoger comida para mi madre!". El viento dijo, "Yo tampoco he traído nada para ti madre. No deberías esperar que te traiga una colección de buenas cosas para ti, cuando simplemente salí para divertirme." Pero la luna dijo, "Madre, coge el plato, mira lo que he traído para ti." Y sacudiendo sus manos le mostró un gran cantidad de cosas apetitosas que nunca antes había visto.
Entonces una estrella se acercó al sol y le dijo, "ya que tú saliste para divertirte con tus amigos, y festejaste y te divertiste con tus amigos sin acordarte de tu madre que estaba en casa - llegará a ti una maldición. De ahora en adelante, tus rayos serán siempre calientes y abrasadores, y quemarás todo lo que toques. Los hombres te odiarán, y cubrirán sus cabezas cuando aparezcas." (Es por esto que hoy en día el sol es tan caliente)
Después se acercó al viento y le dijo, "tu también te olvidaste de tu madre en medio de tu egoísmo - escucha que te ocurrirá por hacer esa tontería. En épocas calurosas siempre soplarás en el viento caliente y seco, y marchitarás todo aquello viviente que toques. Y los hombres te detestarán y te evitarán desde este preciso momento." (Es por esto que el viento, cuando hace calor, es tan desagradable)
Pero dijo a la Luna, "Hija, ya que tu te acordaste de tu madre, y guardaste y compartiste con ella la alegría y el disfrute de la fiesta, de ahora en adelante serás siempre agradable, calmada y brillante. Tus rayos no irán acompañados de luz nociva. Y los hombres siempre te bendecirán." (Es por esto que la luz de la luna es tan tenue, agradable, y calmada desde ese día)
Tanto el sol como el viento eran avariciosos y egoístas. Ellos disfrutaban de la fiesta a la que habían ido, y no pensaban en ningún momento en guardar algo para su madre, que les estaba esperando - pero la amable luna no se olvidó de ella. De cada plato de comida exquisita que aparecía, ella guardaba una pequeña porción debajo de sus hermosas uñas.
Cuando regresaron, su madre estaba todavía despierta esperándoles, y le dijo, "Bueno hijos, ¿Qué me habéis traído de la fiesta?" El so (que era el mayor) dijo, "Yo no te he traído nada. Yo salí para divertirme con mis amigos, ¡no para recoger comida para mi madre!". El viento dijo, "Yo tampoco he traído nada para ti madre. No deberías esperar que te traiga una colección de buenas cosas para ti, cuando simplemente salí para divertirme." Pero la luna dijo, "Madre, coge el plato, mira lo que he traído para ti." Y sacudiendo sus manos le mostró un gran cantidad de cosas apetitosas que nunca antes había visto.
Entonces una estrella se acercó al sol y le dijo, "ya que tú saliste para divertirte con tus amigos, y festejaste y te divertiste con tus amigos sin acordarte de tu madre que estaba en casa - llegará a ti una maldición. De ahora en adelante, tus rayos serán siempre calientes y abrasadores, y quemarás todo lo que toques. Los hombres te odiarán, y cubrirán sus cabezas cuando aparezcas." (Es por esto que hoy en día el sol es tan caliente)
Después se acercó al viento y le dijo, "tu también te olvidaste de tu madre en medio de tu egoísmo - escucha que te ocurrirá por hacer esa tontería. En épocas calurosas siempre soplarás en el viento caliente y seco, y marchitarás todo aquello viviente que toques. Y los hombres te detestarán y te evitarán desde este preciso momento." (Es por esto que el viento, cuando hace calor, es tan desagradable)
Pero dijo a la Luna, "Hija, ya que tu te acordaste de tu madre, y guardaste y compartiste con ella la alegría y el disfrute de la fiesta, de ahora en adelante serás siempre agradable, calmada y brillante. Tus rayos no irán acompañados de luz nociva. Y los hombres siempre te bendecirán." (Es por esto que la luz de la luna es tan tenue, agradable, y calmada desde ese día)
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